ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA COLLADA, EN LA VILLA DE BIESCAS.

La ermita de Nuestra Señora de la Collada, o mejor dicho, sus ruinas, se encuentran en el barrio de San Pedro de la Villa de Biescas, a pocos metros del Zoque de San Antonio, junto al antiguo camino de Yosa de Sobremonte.

Si hacemos caso a las referencias de FACI, debió haber un primitivo edificio medieval –quizás levantado a finales del siglo XI- del cual no quedan restos:
“Esta y otras Iglesias fundadas en nuestras Montañas, se cree, son de aquellas, que los Cavalleros erigieron dentro de los límites de sus propios heredamientos (como escribe D. Juan Briz Martínez) y tenían muchos Privilegios; de las cuales (dize el mismo Autor) unas están ya destruidas; otras se conservan, y todas hazen un número tan excesivo, que pone admiración. Llamolas el Rey Don Pedro I de Aragón Capillas de sus Soldados, y no eran Parroquiales; pero son siempre dignas de grata memoria”. (1)

La actual fábrica debe provenir de los siglos XVI-XVII, correspondiendo básicamente a un edificio de planta rectangular, de nave única, orientada litúrgicamente, con unas dimensiones de unos 17´5 x 7 m.

Según reza en la portada, el templo “se reedificó en 1875”. En dicha obra se construyó la sacristía occidental, se levantó la altura de la nave y, nos dice LEANTE, “se cambió el altar de la Virgen, con el fin de facilitar el acceso de los fieles, colocándolo al lado opuesto de la nave, o sea de frente al oriente, en cuya nueva posición la Santisima Virgen está mirando a la Villa”. (2)

A resultas de la Guerra Civil el templo se arruinó. En los años 40 del siglo XX hubo algún intento de restauración, pero sin llegar a cuajar.

Del edificio quedan en pie los muros, se conserva intacta la portalada –de fina cantería, con la inscripción citada líneas arriba- un limosnero de piedra con la leyenda litánica “Mater Amabilis” y en los mampuestos del muro Sur puede verse un crismón popular, colocado de forma invertida. Cubría con estructura de madera y teja árabe. El suelo, dicen, era de tarima, colocada sobre una plancha de mortero de cal. Por ahora ignoramos qué tipo de suelo habría en origen.

Sobre la imagen de la Virgen, los datos más completos, a pesar de las lagunas, los ofrece LEANTE: “La Sagrada Imagen es tallada en madera y mide noventa centímetros de altura, incluyendo al corona; está en pie y tiene al Niño Jesús en su brazo izquierdo. El mérito de la escultura está en armonía con la época a que corresponde” (3).
El mismo autor nos hablña también del retablo: “Las estatuas de Santa Elena y San Roque, adornan los costados del altar, y en la parte superior del retablo está representada en relieve la trágica escena del Calvario”. (4)

Esta ermita es quien marcaba, tiempos atrás, los actos religiosos de las fiestas de Biescas, muy diferentes a las actuales. Véase si no. En palabras de LEANTE:

“Los días quince y diez y seis de agosto de cada año, son los señalados para celebrar las fiestas principales del Santuario. En dicho primer día, que la Iglesia celebra la festividad de la Asunción de la Santísima Virgen, suben en procesión los feligreses de San Pedro con su Párroco y se celebra allí una misa solemne, a la que el pueblo asiste con gran fervor y recogimiento. Por la tarde se cantan vísperas y se reza el Santo Rosario, con lo que se da por terminada la fiesta.
Al día siguiente toca, según costrumbre, hacer la función a la parroquia del Salvador, y formando los fieles en devota procesión y precedidos por el clero parroquial, se dirigen a la ermita. Al entrar en la jurisdicción espiritual de la parroquia de San Pedro, el clero de ésta recibe la procesión, e incorporándose todos los fieles en una sola romería, suben hasta el Santuario, donde se celebra una solemne misa, siendo pequeño el recinto del templo parroquial para contener la multitud de los fieles devotos que asisten al devoto acto, y se ven precisados, muchas veces a permanecer en el atrio y la explanada, uniendo sus plegarias a las de los que tuvieron la dicha de penetrar en el templo. Terminada la fiesta salen las dos feligresías en la misma forma de procesión, y al llegar a la entrada de puente, cada una se dirige a su respectiva parroquia. (5)

Por este mismo autor, sabemos que en las fiestas de primera clase, partiendo de la Iglesia Principal de San Pedro, rezaban el Rosario de la Aurora, para acabar en nuestra ermita. (6) Y que en 1885, con ocasión de uan epidemia de cólera, la Villa de Biescas hizo una novena ante las imágenes de Nuestra Señora de la Collada y de San Roque, sin que falleciese ningún vecino de la parroquia, continuando su celebración en acción de gracias durante los años sucesivos. (7)

Por fuentes orales sabemos que, antes de su destrucción, se colocaba allí, frente a la puerta, el Monumento Eucarístico, durante los días de la Semana Santa. También nos han dicho que el templo, durante el resto del año, servía para guardar los pasos de la Semana Santa del barrio de San Pedro. Y las que entonces eran niñas recuerdan las tardes del Mes de Mayo, cuando iban a ofrecer y a recitar las Flores a María en el Mes de las Flores.

FACI nos habla que desde tiempo inmemorial hay fundada en esta ermita una Cofradía, que celebraba su fiesta el 8 de septiembre, con motivo de la Natividad de María, con especial solemnidad (8). No sabemos nada de dicha cofradía, sólo de la Hermandad de Cantores de San Pedro y de la Sociedad de San Julián; que, aunque tenían su sede en la Parroquia de San Pedro, sin embargo, poco o nada se rozaban con la ermita de que nos ocupamos.

Ricardo Mur Saura

NOTAS:
1.- FACI, Roque Alberto: “Aragón, Reyno de Christo y dote de María Santissima”. Zaragoza, 1739. Imágenes antiguas y milagrosas, p. 490.
2.- LEANTE, Rafael: “Culto de maría en la diócesis de Jaca”. Lérida, 1889. pág. 122.
3.- Ibidem.
4.- Ibidem.
5.- LEANTE: op. cit. Págs. 122 y 123.
6.- LEANTE: op. cit. Pág. 123.
7.- LEANTE: op. cit. Págs. 124-125.
8.- FACI: Ibidem.