SAN BENITO DE ERATA, UN LUGAR SAGRADO A DOS MIL METROS DE ALTITUD.

La ermita de San Benito de Erata se alza junto a la cima del mismo nombre, a 2.005 m. de altitud sobre el nivel del mar. El edificio se encuentra unos metros más abajo y al sur del Vértice Geodésico, pero marca la separación de los términos de Otal, Barbenuta-Espierre y Berbusa-Ainielle. Desde lejos es posible distinguirlo en el horizonte, si no a simple vista, al menos sí con un par de prismáticos.

Se encontraba en ruina absoluta, al menos desde tiempos de la Guerra Civil, presentando el aspecto de un simple “espedregal”. No sabemos nada sobre su origen, sólo que al desescombrar para rehacer las paredes, en un sillar apareció la fecha 1911 y en otro el nombre de un tal Domingo Azón, de Otal. La ermita, llamémosla mejor “zoque”, tiene unas dimensiones reducidas, un cuadrado de 3 x 3 metros y una altura de poco más de dos. Mira hacia Otal, a cuyo término y parroquia pertenece. El tejado es a dos aguas y está hecho a base de madera, chapa de plomo y tasca. Nada sabemos de culto alguno, salvo que subían botellas de agua bendecida para prevenir las tormentas y pedregadas. Se supone que algún servicio espiritual hizo a los pastores que estaban en el Puerto, amén de librarles de algún remojón. Se cuenta en la zona que, en la Guerra Civil, los milicianos subieron hasta San Benito las imágenes y la mazonería del retablo de Ainielle y los quemaron. Como quisieran aprovechar la hoguera para hacerse la comida, se ve que tomó mal gusto debido a la policromía y al estofado con que estaba decorado el combustible, así que, ni cortos ni perezosos, los santos, en lugar de acabar consumidos por el fuego, terminaron a vueltas por aquellas laderas.

En 2005, la Asociación Cultural “Erata”, de Biescas, se propuso acometer la restauración del zoque o ermita de San Benito. Al fin y al cabo, además de dar nombre al colectivo, se trata de un lugar emblemático. Como la tarea, aunque sea algo compleja logísticamente hablando, sin embargo económicamente es muy asumible, nos pusimos en marcha. A las cimas de Erata y de los puertos de Barbenuta y Ainielle se puede llegar en todoterreno –eso sí, de rueda estrecha- por una pista particular que sale entre Barbenuta y Espierre. Sólo es practicable los meses en los que está seca y libre de barros, por tanto sólo podíamos trabajar, con un mínimo de garantía, durante los meses de julio y agosto. Así que, en agosto de 2006 se realizó el desescombro como la obra de las paredes y en 2007 la cubierta, la puerta y lo demás. José Miguel Navarro talló en una placa de piedra una imagen del santo de Nursia, junto con unos símbolos astronómicos y vegetales, propios de la tierra.

Para visitar la ermita, si no se tiene acceso a la pista particular, es necesario ir andando. Indicamos cuatro posibles rutas:
• Desde Espierre seguir la pista de San Juan hasta que termina en el Puerto. De ahí a la cima, el camino es evidente.
• Desde Ainielle tomar el camino del Puerto.
• Desde Yésero, tomar el camino de Otal hasta el Puerto de Espierre. De ahí hasta la cima de Erata es evidente.
• Desde la boca este del túnel de Cotefablo, subir hasta la vista de Otal y desde este collado crestear hasta la cima de Erata.

En cualquier caso, la excursión valdrá la pena, pues las vistas son espectaculares. Si el
Tiempo es bueno, en cualquier estación podremos disfrutar. Para el verano aconsejamos madrugar y llevar agua siempre. Para navidades la Asociación coloca un belén montañero.

La ermita cobra importancia a través del llamado “fenómeno de San Benito de Orante”, muy conocido ya en la zona de Jaca y divulgado desde 1994 por un servidor. No obstante, vamos a explicarlo de nuevo, de forma breve y contundente.


EL FENÓMENO DE SAN BENITO DE ORANTE
El pueblo de Orante se encuentra a mitad de camino entre Jaca y Sabiñánigo. El desvío se toma junto al actual del Campo de Golf de Badaguás. A unos 500 metros al W de Orante, sobre la punta del Cerristón, a 967 metros de altura, se levanta la ermita de San Benito.
La ermita no tiene nada de particular, pero el lugar, ya de por sí, merece una visi¬ta. El paisaje, que abarca desde el Collado de Fablo hasta la navarra Yesa, es inmenso, pudiéndose contar más de cuarenta pueblos. Está justo en la divisoria de aguas entre el Aragón y el Gallego, tanto es así que media iglesia vierte hacia un no y la otra media hacia el otro. Y la misma ermita es "muga" de tres términos: Orante, Navasa y Bescansa.
Pero es con relación al sol, donde la ermita de San Benito muestra toda su espectacularidad. Sólo hay cinco santuarios benedictinos en esta Montaña. Estos, puestos en un mapa y unidos con un par de líneas, forman una equis.
* San Benito de Orante, que está en el centro de la equis, en la intersección de las dos líneas.
* San Salvador de Leyre, monasterio benedictino, localizado al NW, en el vérti¬ce superior izquierdo de la equis.
* San Benito de Erata, ermita levantada a 2005 metros de altitud, localizada al NE, en el vértice superior derecho de la equis.
* San Juan de la Peña-Santa Cruz de la Serós, monasterios situados al SW, en el vértice inferior izquierdo de la equis.
* Santa María de Ballarán, encomienda benedictina, hoy una arruinada ermita perteneciente a San Julián de Basa, situada al SE, en el vértice inferior derecho de la equis.
Pues bien, si nos situamos en la ermita de San Benito de Orante, el día del sols¬ticio de verano observamos que el Sol sale por San Benito de Erata y se pone por San Salvador de Leyre. Si lo hacemos el día del solsticio de invierno, observamos que el sol sale por Santa María de Bailarán y se pone por San Juan de la Peña.
Hay quien opina que es mera casualidad, pero el que esto escribe, descubridor y divulgador del fenómeno, tiene otra teoría al respecto.
Orante (topónimo indoeuropeo, de "oros"=montaña) fue un observatorio astronómico-solar desde tiempos remotos, cuando menos desde los celtas. Restos arqueológicos del bronce atestiguan la presencia humana en el lugar, por lo menos a principios del I Milenio a d. J.C. En el siglo XI, los benedictinos, por encargo de la monarquía, fueron quienes "de facto" evangelizaron estas montañas y vertebraron muchos de los sistemas territoriales y sociales que aún hoy pueden verse.
Este ejemplo de San Benito de Orante es uno de los más claros, a mi juicio, de cris-tianización de viejos cultos solares. Sabido es que, la Iglesia se implantó en esta tierra adaptándose a la cultura que entonces imperaba y aprovechando el rico mundo cultural y simbólico de los indígenas pirenaicos.
Todavía hoy, el 21 de marzo, antiguamente fiesta de San Benito, día de comien¬zo de la primavera, se celebra la romería de Orante, la cual, a todo esto, ha sido revitalizada desde 1996 a la par que la reconstrucción de la ermita. La noche anterior se enciende una gran hoguera, como corresponde a una buena fiesta equinoccial.
Esta es la razón que movió a nuestra Asociación a restaurar el Zoque de San Benito de Erata. Vale la pena mantener vivo semejante fenómeno cultural, espiritual y arqueológico. También, es de justicia decirlos, nuestros hermanos y vecinos de “O Zoque”, de Yebra de Basa, estos años han llevado a cabo la limpieza, acondicionamiento y consolidación de las ruinas de Santa María de Ballarán.

Ricardo Mur Saura.